28 de abril de 2007

Retroreseñas: Streets of Rage II

 

Pulsa start para repatir mamporros!


Quiero dedicar mi primera reseña a uno de esos 'juegos de repartir castañazos'. En concreto, a uno de sus máximos exponentes en la 16 bits de SEGA. No es otro que la segunda parte de la saga 'Streets of Rage', también llamada 'Bare Knuckle' en tierras niponas. Uno de esos juegos nacidos para ser el buque insignia de una consola y para ser retro-reseñados 15 años después de su publicación (qué casualidad!).

HISTORIA

 

Bla, bla, bla ...


¿Pero a quién coño le importa est...? Vale, vale. Al menos una simple mención: un año después de acabar con todos los malos malotes de la ciudad, los protas se juntan para celebrarlo agarrandose una chuza de las buenas (según el argumento oficial, salieron a echar unas copas... pero todos sabemos cómo suele acabar eso)... y casualmente, al día siguiente Adam resulta secuestrado, así que los dos protas restantes, unidos al hermano del pobre Adam y a un viejo amigo, se juntan para repartir leña y limpiar (otra vez) las calles de malotes y rescatar a su amigo.

PERSONAJES

 

Axel Stone, Blaze Fielding, Max y "Skate" Hunter


Axel y Blaze se mantienen de la primera entrega, y se le unen dos más: el hermano pequeño del secuestrado Adam y un nuevo colega, también de Adam: el musculo-man Max. Viendo la imagen ya nos hacemos idea de qué nos vamos a encontrar: En todo un alarde de originalidad, nos encontramos con el "equilibrado", la "chica", el "fuerte y lento" y el "debil y rápido". Ni más ni menos que lo de siempre, ¿verdad?

GRÁFICOS y SONIDOS

 

Max y sus posturitas intimidatorias...


Aquí tenemos que quitarnos la txapela, porque da gusto ver la considerable mejora gráfica que sufrió la saga respecto a su precuela. Sprites grandes, bien animados, scroll fluido... Los fondos y escenarios lucen sobradamente y a pesar del evidente paso del tiempo, en absoluto desmecere echar una partida ahora mismo.

Mención especial merece la banda sonora. Un lujo, que incluso se publicó en Japón. Y es que el genio Yuzo Koshiro se lució con una música techno-house que encaja a la perfección con el mecanismo de repartir castañas a todo kinki que se te cruce. Todo un clásico sonoro de los 16 bits, y para muchos, la mejor banda sonora que ha dado un videojuego. ¿Queréis escucharla? (vía whipassgaming.com)

JUGABILIDAD

 

"Pero qué duro soy"


Y es aquí donde el juego se sale por todas las partes. Nunca antes arrear puñetazos fue una tarea tan divertida, sobre todo en compañía de un colega, y pocas veces ha llegado a serlo después. El nuevo sistema de ataques especiales sustituye a la antigua 'llamada a la policía' de la entrega anterior (la mítica magia, vaya). Ahora cada personaje tiene sus diferentes movimientos y no se limita al clásico puño y salto. Mantiene además los movimientos de 'agarre' presentes en la primera entrega.

El modo para dos jugadores es una de esas experiencias únicas en el mundo de los videojuegos que han de ser probadas al menos una vez. Como todo en la vida, las cosas es mejor hacerlas en pareja (o en trios, cada cual que elija). Y como efectivamente, este juego gana mucho teniendo a alguien ayudandote a repartir host... esto ... ah si, a rescatar a Adam. ¡Cualquier excusa es válida para recorrernos las calles y acabar con los nudillos pelaos de tantas castañas!

 

"Para que vuelvas a tocarme el culo!!"


Por si fuera poco, tanto los escenarios como los enemigos son muy variados y muy poco típicos (dentro de lo poco típico que puede ser un juego de estas características). Cuánto les valdría a más de uno inspirarse en juegos así para

El tema de la dificultad sí que no está del todo equilibrado que merece: el juego es fácil, sobre todo para dos jugadores. Los niveles están muy bien diseñados, los enemigos van sucediendose y aumentando su dificultad progresivamente y todo el puzzle se une a la perfección, pero se hace corto. ¡Qué le vamos a hacer!

El juego incluye un modo VS en plan Street Fighter por si queremos zurrar virtualmente a nuestro compañero de fatigas.

CONCLUSIÓN

Este tipo de juegos se han caracterizado históricamente por dos cosas: una historia cutre, y una jugabilidad a prueba de bombas. Es un género que no envejece, que engancha a la primera y que resulta ser una excelente terapia si necesitas descargar tus iras de forma barata y legal tras la jornada laboral.

Y aquí tenemos al máximo exponente del género, al menos en Mega Drive. Si por algún casual no has probado este juego, ya sabes lo que tienes que hacer.